Un poema de Ana Muñoz

Ana Muñoz aka Ana Manzana, que me sufrió de niña cuando sus padres la llevaban a mis conciertos en Teruel y sonaban en su casa canciones de “Cierzo” y de “Buñuel del desierto”, me envió este poema hace unos días con una nota y aquí los cuelgo porque el texto es magnífico e intenso: “bufff… me ha encantado el libro, qué pasada!! como suele decirse, de lo bueno-lo mejor, de lo mejor-lo superior!!
me ha sorprendido muy gratamente, y no porque infravalore el resto de tus trabajos… ya sabes que no. qué bien, qué delicia, qué variedad, qué de todo, muchísimas felicidades.
vicente muñoz álvarez me pidió un poema hace un par de días y he querido escribir algo nuevo para la ocasión, un poema que comienza con unos versos tuyos.
soy consciente de que debes de estar liadísimo, pero… yo te lo mando, y ya lo leerás cuando puedas.
espero que te guste.
como espero que todo te vaya bien, disfruta de todo lo bueno que va a darte este libro del arco-iris.
un beso,
ana.”

 

RELIGIO AMORIS

Para V. y sus drugos

Fue un hombre que regaló cerillas
a los que viajan a la oscuridad
y amó a las mujeres que hacen sangrar el sol,

Ángel Petisme, de Necrológica.

Muero todas las muertes de mis cenizas esparcidas.
Boca seca y sed constante,
velo negro de mujer viuda.

Jamás debimos mezclar drogas
(Rock and Roll… qué importa, todo lo demás fue sólo sexo),
el alcohol nos inflamó a ambos.

You have killed me,
you have killed me.

Tú, hombre flemático,
frío y húmedo,
calmado e indiferente,
racional y beodo al mismo tiempo.

Lo más importante es atravesar el fuego,
(lo dijo Bukowski).

Me hiciste creer que eras capaz de atravesarme, de penetrarme,
de salvarme, de sanarme.
Una palabra tuya bastaba, una palabra
(pero todos los poetas mienten).

Con las piernas abiertas dibujé una noche en la luna
y te amé.
Fue difícil mantener el equilibrio en aquella postura.

Oh, tentación, tentación,
no pude resistirlo.

Yo, mujer caliente y seca,
fuego mal extinguido que respondió Amén a tus oraciones,
mujer que abandonó su escepticismo,
que hizo oración al tañer las campanas de la noche.

Abnegada y devota,
bebí de tu propia sangre,
el agua de tu cuerpo, yo la sudé.

Dormimos con los ojos abiertos aquellos sueños de éxtasis
que nos mataban
(pequeña muerte, la llaman).
Me prometiste un lugar en el sol
(mañana seremos aire
y llegaremos a tocar el cielo con los dedos
).

Pero llegado el momento huiste de mí,
evaporándote en desapacible malestar,
en lluvia invertida.

Resaca, movimiento en retroceso de las olas,
residuos apostados en las arenas después de la crecida.

Así amanecí,
(SOLA).

Con las piernas abiertas hoy soy toda bilis haciendo sangrar el sol,
muriendo de sobredosis,
habitándome en el hígado la melancolía.

Anoche mi estómago estaba vacío
Y te asimilé cuatro veces más rápido.

Grito como Penélope para desgarrar tus oídos allí donde estés.
¡Mátame!
¡De cáncer de hígado!
¡Como a un borracho!
¡Mátame!

Nunca debí amarte tanto,
ahora mis sollozos se desploman en la arena
sintetizando la resaca de haberlo amado todo de una vez
sin haberlo hecho nunca antes
(no estaba acostumbrada).”

ANA MUÑOZ