De vuelta de Palestina

El termómetro digital marca 37, 8 grados. Ha sido un aterrizaje duro y extraño frente a las luces voraces de la Navidad. Ver la televisión me produce arcadas.Al igual que en mi anterior viaje es como si mi sistema inmunológico al oír en inglés “Palestine” o en árabe “Falistin” comenzase a hacer aguas. Traigo una gripe de caballo de Tierra Santa. El señor Couldina se embarcó en Barajas con un catarrazo y regresa con el alma llena de mocos, esputos negros y preguntas del mismo color. Mi temperatura mental, sin embargo, no es mala. Vamos haciendo callo y piel de elefante. He dormido muy poco esta semana, quizás una media de dos horas cada noche, pero he sufrido menos, mucho menos, que hace dos años.

Annual, el camarero del bar del hotel Bethelem donde estaba alojado, se hizo amigo y cómplice y nos sirvió la rubia y fría “Taibe”, excelente cerveza palestina, hasta el filo de la  madrugada a algunos noctámbulos necesitados del bálsamo de la risa y la conversación. Giacomo, coordinador de los cooperantes del Partido comunista italiano en Oriente Medio, y con el que trabé una buena amistad hablando en la lengua de Italo Calvino, me insistía en que jamás había visto el hotel y el bar tan lleno de vida antes de la llegada de la delegación española. Alberto, profesor chileno de Historia en la Universidad de Nablus y Hebrón, que a las dos  horas de conocernos ya me llamaba “Sadik al karim” (amigo del alma) me confesó que cada noche se enamoraba de tres mujeres y que jamás, en los once meses que llevaba en Palestina, había gozado de tanta belleza.

Los días por el contrario fueron más fieros y escalofríantes. La crónica que hice para Aragón Radio el día de Navidad desde la planta primera del hospital de Jenin después de contemplar en las incubadoras a los bebés palestinos que carecían de medicinas (tras el bloqueo de la ayuda económica de la Unión Europea al gobierno de Hamás), y los chavales heridos de bala que a primeras horas de la mañana llegaban de un barrio cercano a Jenin cercado por el ejército israelí, debió de resultar patética. Creo que lo único sensato que dije fue que la paz sólo se escribe con minúsculas, en nuestros hogares y nuestra vida cotidiana. 

Y también insistí el día 24 junto a Carmen París, al igual que otros días por la radio, que no hay guerra civil entre palestinos, aunque sí una gran crisis de gobierno debida al estrangulamiento económico que están padeciendo desde las elecciones de enero de 2006. Muchos funcionarios de la administración palestina tienen los sueldos congelados desde hace meses. El alarmismo de algunos medios de comunicación europeos y americanos controlados por el poderoso lobby sionista obedecen a un fin perverso e interesado: fomentar la sospecha de que el pueblo palestino es violento y terrorista y así seguir justificando la construcción del Muro y la ocupación israelí. El mensaje es claro: ¡Veis, nosotros teníamos razón, si entre ellos mismos se matan!

Las escaramuzas violentas sucedidas en Gaza se deben a venganzas entre clanes tribales contra los colaboracionistas de Israel que informan de donde viven los activistas palestinos para así practicar ese vil eufemismo que denominan “asesinatos selectivos”. No hay guerra civil entre los palestinos y espero que nunca la haya. El gobierno de Hamás legítimamente votado en la urnas tiene todo el derecho a seguir gobernando pero “cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana”.  Ver, comprender y contar, dice John Berger. Ahora debo cerrar los ojos para comprender y no olvidar el dolor del inmenso ghetto  en que están convirtiendo a Palestina. Ahora necesito como agua el tiempo para poder contarlo.  Y dormir, sudar la pesadilla de la guerra y la desesperanza que me traigo de que jamás será posible la paz en Oriente Medio  mientras no se cumplan las resoluciones de la ONU, por el veto de EEUU en el consejo de seguridad, y no se reconozcan la existencia de dos estados libres y soberanos: Israel y Palestina. 

Mariano Gistaín sobre “Éxitos secretos” en El Periódico de Aragón

CONSUMÍSTICA

El reventón del otro día/noche en Paraíso Plaza fue tope preExpo. Ni siquiera hace falta la visita oficial en el bus lanzadera, basta con recorrer la autopista que bordea
la Expo, ya flipas. Ya está casi acabada. Uaaaaau. Fluvimente. La gente con bolsas cruzando la torrentera, los cuatro ríos en marcha, doce puentes. Pasarelas, trenes, metros, lagos de Penélope. Agua mineral por el grifo. Ana María Navales ha juntado en un libro sus grandes textos sobre mujeres escritoras, suicidas, presuicidas, atormentadas, felices, deslumbrantes, todas sufriendo el siglo de la emancipación, que aún no se ha acabado, quizá ni ha empezado. Es un libro estupendo: Mujeres de palabra (Sial).
Entre reventones, esto mejora a toda velocidad. James Brown Labordeta Amaral. Amaral ya ha(n) dicho lo mismo que los jueces: que compartir música no es delito. Ya no hay tiempo ni para sacar el tren eléctrico. En Belchite VIII había un trenecito dando vueltas cuando llegaron los primeros adictos, que cada año son distintos: cada mes se regenera el páncreas, que es de donde salen los poemas. Ángel Petisme está espléndido en su Éxitos secretos, creación extreme tracking a contramundo. Petisme es un galáctico del poema funk, y no ha hecho más que empezar. Sigue leyendo

Palestina de nuevo

Dos años y diez meses después de mi anterior estancia, regreso de nuevo a Palestina en un momento cargado de incertidumbres y amenazadores ríos de sangre. Ojalá que prevalezca el sentido común y el diálogo por el bien de este pueblo ocupado, violentado y expoliado desde hace más de 60 años. No sé si podré escribir algo en este blog de circunstancias desde allí, aunque mi intención última es tomar notas para intentar acabar el manuscrito “Palestina (Donde lloran los olivos)”. Brindaré -algo encontraré- desde Belén en Nochebuena (las 11 p.m. en España) por los hombres y mujeres de buena voluntad.