¿QUÉ MÁS PUEDO PEDIR?

No me puedo quejar. No me ha despertado el clarinete neurasténico del autor de “Bananas”, ni me ha llamado Aznar ni Juncal (imagino que anda bajo el almendro preparando la primavera). Eso sí mi suegra como cada domingo a las “doce en punto de la tarde”, ha telefoneado siete veces. A la octava nos hemos levantado. Hemos desayunado con el roscón de reyes nº 3 (me daba verguenza confesarlo) que compramos ayer. Y en el primer trozo de roscón ¿a quién le ha tocado la sorpresa? Al menda lerenda. Entre la nata, lo mas parecido a la mujer virtual que ayer pedí a Melchor. Estoy hecho unas castañuelas…Mi madre ya no me compra calzoncillos en Carrefour, ni jerseys que solo me pongo para estar por casa de lo horrendos que son, pero me ha soltado 25 talegos y un consejo: “No te los gastes en libros que tienes muchos”. Al paso que voy y lo que engorda esto de postear voy a comprarme una faja en las rebajas. No soy feliz porque no soy idiota, pero estoy contento, la verdad. Tengo un pruno debajo de mi ventana, sus ramas casi se meten en el monitor. Un gato viejo, con más de diez registros de maullidos y una careta del llanero solitario encima de los bigotes. Estoy aprendiendo a escribir ultimamente. Al fondo del pasillo humea una tortilla de patata.
Y mañana es fiesta.