CUATRO DÍAS DE ALQUILER

Salud, navegantes de la telaraña, nadadores de invierno,
escribidores de bitácoras, náufragos en general.
Salud a los psicópatas virtuales, verdugos del silicio y solitarios de la Red.
Después de unos meses de travesía, embarcado de grumete,
haciendo los trabajos sucios de la tripulación,
infectado de Badtrans y Kournikovas, lleno de cicatrices,
esparciendo mi agenda al viento,
atracando en los cielos e infiernos de Internet,
mareándome en las procelosas páginas de la CIA y el FBI
que rastrea en nuestros correos
cualquier atisbo con el nombre de Osama,
leyendo a poetastros sin Active X,
eyaculando sobre el ano de diosas que follaban con sus mastines
que deglutían a tres impúberes
que retrataban siete pedófilos a su vez…,
he fletado mi cascarón de nuez,
con un rollo de papel higiénico por bandera.

Nada de lo que aprendimos en el colegio sirve.
El Ebro nace en Reinosa mas puede que desemboque en El Ejido
y riegue complejos hoteleros, parques temáticos
y campos de golf que A. y sus secuaces ya parcelan.
El tiempo es un continuo y no entiende de lunes ni diciembres.
El dinero cambia de nombre pero no de bolsillos.
Y la mierda, aunque apagues la tele, el móvil, los satélites,
y canceles tu puerta con siete candados, salpica a diestro y siniestro.

Hay nuevas disciplinas y asignaturas que aprender: “Silencio”,”Temblor”, “Memoria”…
La humanidad no tiene remedio. Sólo algunos seres justifican el mundo
y te ayudan a vivir, como dijo Camus.
Ellos se salvan de la quema.
¿Pero quién distingue a los buenos de los malos?
¿Dónde se compra el auténtico, el milagroso detector de verdades?
¿Quién alimenta con potitos y sangre al Hitlerito que llevamos dentro?
Cuatro días de alquiler en un planeta que no es nuestro.
Carpe diem.

Algunos hemos encontrado
en eso que antiguamente se llamaba el “arte”
la energía de nuestras vidas.
Y eso nos hace generosos, distintos y millonarios.
Somos nubes que pasan entre la iglesia
de nuestro bautizo y la de nuestro funeral.
Cuando los gusanos me la chupen entenderán la cita de mi epitafio:
“Yo declaro a este hombre libre”.